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Para quien me haya leído alguna vez antes, bien sabrá que no me gusta hablar sobre mi vida, pero hoy haré una excepción y contaré algo que me pasó hace poco menos de un mes (relacionado con el tema que nos atañe): De regreso a casa, vi delante de mí a una chica invidente que llevaba en una mano una bolsa —a todas luces— demasiado llena, casi a punto de explotar, que parecía romper su eje de equilibrio y le hacía torcerse y girar hacia la izquierda, a pesar de llevar en la mano derecha su bastón blanco. En un principio pasé de largo, la adelanté y seguí, mirándola un poco entre preocupado y pensativo, pero cuando vi que dejaba la bolsa en el suelo varias veces y le costaba seguir, dejé de pensar y decidí actuar. Tras ofrecerle ayuda, me dio la pesada bolsa y rodeó mi brazo con el suyo mientras apoyaba sus dedos en la parte del pulso.

Lo llamativo de este momento, entre otras cosas, fue cómo cada movimiento resultaba más cercano a una caricia, apenas un roce, que a un gesto normal que un vidente haría para “sentir al tacto”, mucho más acostumbrado a “agarrar” las cosas, exista o no confianza entre las personas, o al palpar un objeto cualquiera. He recordado este momento concreto porque Blind me ha parecido igualmente sensitiva, una película que podría haber sido pensada por un ciego, una película llena de capas y que se mueve sobre cada superficie con inteligencia, delicadeza y seguridad, ya sea el terreno áspero, suave, frío, sucio o escabroso. Una cinta que se deja llevar, poliédrica y reflexiva, siempre juguetona y hasta un poco cochina, que no sólo hace que te pongas en los ojos de una persona que no puede ver salvo en sueños, sino que hace que te plantees dilemas que jamás habrías tenido en cuenta de no encontrarte en dicha situación, la de la ceguera.

Porque la ceguera supone una gran pérdida sensorial, por mucho que aumente el poder del resto de sentidos, como se suele decir. Sin embargo, Blind es muy interesante porque muestra esta situación bajo el aspecto de la sugestión, de sugerir, en base también al resto de sentidos que se mantienen, pero sobre todo en base a nuestra mente. Las dudas existenciales que de repente se presentan, lo que somos y lo que podremos o no ser, si queremos, en lo que respecta a la convivencia, también, pero sobre todo en lo que significa la imaginación en estas circunstancias de pérdida. Un sordo lee los labios o habla en lengua de signos, puede encontrar una manera de luchar contra su merma, aunque haya quedado para siempre ajeno al sonido de la calle y la gente; un mudo es incapaz de hablar, pero es capaz de comunicarse de igual forma que un sordo, si quiere; un ciego no, un ciego debe recurrir al resto de sentidos para ser capaz de moverse a través, debe recurrir a la imaginación para ser, más allá de estar, de encontrarse. Una verdadera jodienda, cualquiera de estas diversidades funcionales, y sin embargo la ceguera me parece la más dolorosa… con lo que me gusta la música.

Pero es que además Blind está muy bien dirigida y aún mejor escrita por Eskil Vogt. Es capaz de convertir su ópera prima en un film denso y a la vez divertido y siempre oscilando entre interesante y muy interesante, un poco voyeur. Sobre todo si el espectador acepta entrar en su juego y en su incorrección política, algo que incomoda a mucha gente y que otra confunde sencillamente con expresar opiniones muy estúpidas creyendo que, al contrario, son muy inteligentes y dan una gran visión del estado actual de las cosas.

Pero Blind no habla del estado actual de nada, es completamente personal e intransferible, una película sobre una mujer que acaba de quedarse ciega y que ahora afronta esta nueva circunstancia vital, junto a su marido. La vida a través de los ojos de alguien incapaz de ver, algo que sin ser ninguna novedad en términos cinematográficos, sí lo es en cuanto a la forma de acercarse al tema, mediante Ingrid, un personaje principal —personificado por Ellen Dorrit Petersen— muy completo y unas poderosas escenas que hablan sobre la imaginación, los sueños, las relaciones de pareja, lo que supone estar ciego y lo que se presupone, que también se cuestiona las cosas y que no deja indiferente. Las diferentes historias que aparecen introducidas por la voz en off de Petersen, cómo éstas se relacionan, cómo evolucionan y el juego en el que la película nos hace entrar y que gira alrededor de Ingrid. Todo merece la pena para llegar a un final que sigue cuestionando y que transforma cada movimiento cinematográfico y discursivo anterior en una película muy recomendable de ver. Elegante, sensual, grosera e incorrecta. Muy completa.

En definitiva, lo que uno siente viendo Blind es como imaginar que alguien te observa mientras cree que no le ves, mientras sabes que te ve, mientras te desvistes, como en un pensamiento que tuviste.

P.D. Tras acompañar a la chica del primer párrafo un rato, tuve a bien avisarla, viendo que no estaba usando el bastón, de que acababa un bordillo y tuviera cuidado, que había que cruzar el paso de cebra. Esto le molestó bastante y me lo dejó claro, me dijo que no entendía por qué los videntes creen siempre que ellos no saben dónde están, que no entendía por qué creemos que ellos no pueden ver; yo le respondí que sería «por pura ignorancia», que yo no sé qué se siente al no ver. En esta ocasión, pude ver que la cosa se alargaba, que seguía con el tema, así que le pregunté dónde vivía para asegurarme de que no me llevaría mucho rato. Ella me respondió entonces, supongo que sin darse cuenta, que dependía de si el paso de cebra estaba dividido en dos por una porción de acera en el centro o no… Como no soy una persona rencorosa, le contesté normalmente y tras cruzar ella fue capaz de seguir a solas su camino y yo el mío, no sin antes preguntarme cómo me llamaba.

No es fácil ponerse en la piel de otro, más difícil es intentar ver las cosas como las vería él.

Artículo originalmente escrito para Cine maldito

Crítica Blind (la ceguera y la imaginación)

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