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Una familia de Tokio

Agosto, calor y nadie por la calle. No estoy escribiendo mucho últimamente, por lo que he decidido recuperar para el blog (ahora que tenemos una sección dedicada al cine) algunas críticas de películas que he escrito tanto en la web de Filmaffinity como para la web Timber Chronicles, donde tuve la suerte de desvirgarme como crítico de cine (¡ir a pases de películas mola!) y cumplir de alguna manera un sueño.

En esta ocasión, la elegida es Una familia de Tokio. Una película muy bonita que vi hace aproximadamente un año. Es el remake de la inmejorable Cuentos de Tokio, del cineasta japonés Yasujiro Ozu, maestro del director de esta nueva revisión, Yôji Yamada.

He echado en falta más planos de gente tendiendo la ropa (Ozu dixit)

Parece que se ha puesto de moda en Japón eso de hacer remakes, y no sólo de películas antiguas de su filmografía –Hara-kiri: Muerte de un samurái, remake de Harakiri, de Masaki Kobayashi-, sino también de películas norteamericanas más o menos recientes –Unforgiven, remake de Sin Perdón, por ejemplo-. Ahora, previo paso por la Seminci de Valladolid, podremos ver en nuestro país Una familia de Tokio, revisión moderna de la gran –y atemporal- Cuentos de Tokio, de Yasujiro Ozu.

Ozu tendiendo la ropa

Ropa tendida (El sabor del sake, 1962)

Yôji Yamada (El ocaso del samurái) debía saber del reto al que se enfrentaba al hacer esta película, al igual que lo sabría Takashi Miike al realizar Hara-Kiri: Muerte de un samurái -quien resultó bien parado en cuanto a críticas, finalmente-. En ambos casos nos encontramos ante dos películas (las originales) consideradas obras maestras, no ya dentro de la cinematografía japonesa, sino a nivel mundial, por lo que va a ser un reto, también, para el que suscribe, realizar esta crítica intentando mantenerme al margen de comparaciones.

Una familia de Tokio trata sobre una pareja de ancianos que viaja a Tokio para visitar durante una semana a sus hijos, ni más ni menos. Como suele ser habitual en este tipo de cine, el ritmo de la película es tranquilo y la puesta en escena elegante y natural sin excesos. La dirección es sobria y clásica, por lo que no presenta grandes cambios con respecto a la original. Cuenta una historia contada antes, pero emociona de igual forma, por su universalidad, y las relaciones paterno-filiales están mostradas de manera realista y veraz, sin necesidad de melodramas ni de gritos.

Una familia de Tokio

Imagen promocional de Una familia de Tokio

No es una película intimista y, aunque pueda parecerlo por cómo afronta el tema de las diferencias generacionales y familiares, tampoco es pesimista; lo que uno siente viendo Una familia de Tokio es una mezcla de amargura y amor por la vida. Puede que películas como Dejad paso al mañana nos resulten más cercanas, pero hay temas que son universales y en muchos casos totalmente atemporales. La familia es uno de esos temas, razón por la cual es una película recomendable para cualquier amante del cine, sin duda; no juzga a ningún miembro que la forma, ni tampoco lo justifica (más de lo que se podrían justificar ellos mismos con sus palabras), pero deja poso, porque ya se sabe que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el tuyo propio.

Por otra parte, el único cambio real en el argumento con respecto a la original es su gran acierto. La aparición del hijo menor de la pareja de ancianos, cuya vida es más desastrosa que la de sus hermanos, permite que la película ahonde en los problemas actuales de Japón. Mientras en Cuentos de tokio Japón se enfrentaba a la pérdida de identidad y a la occidentalización por parte de los Estados Unidos y sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, en Una familia de Tokio los japoneses llevan años viviendo una crisis económica de prosperidad sin crecimiento, o crecimiento cero, a la que se suma la crisis mundial actual, y la consecuente actitud vital de algunos jóvenes adultos, por no mencionar la catástrofe ocurrida en Fukushima.

Cuentos de Tokio

Imagen de Cuentos de Tokio

Finalmente, lo que queda es un bonito homenaje a la cinta de Ozu y a esos padres imperfectos que, como Barkley y Lucy Cooper (Dejad paso al mañana), Shukishi y Tomi Hirayama (Cuentos de Tokio), Kyohei y Toshiko Yokoyama (Still Walking) o Shukichi y Tomiko Hirayama (Una familia de Tokio), no hacen más que ver cuál es el legado que dejan; las victorias, los fracasos, las decepciones y las alegrías que se obtienen al criar a unos hijos y verlos madurar e independizarse con el pasar de los años.

Reseña realizada para Timber Chronicles y disponible también en Filmaffinity.

Como este blog no deja de ser de música, dejo dos canciones bastante conocidas que aparecieron más o menos en los mismos años en los que se estrenaron Cuentos de Tokio y Una familia de Tokio, respectivamente:

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