Crítica de Morning Patrol (Proini peripolos)

Morning Patrol (Proini peripolos)

El griego Nikos Nikolaidis estrenaba en 1987 Morning Patrol (Πρωινή Περίπολος o Proini peripolos en su título original), un thriller postapocalíptico y existencialista (¿puede ser de otro tipo?) que nos presenta a una superviviente que recorre un mundo en el que los recuerdos han desaparecido y, con ellos, la mayoría de la gente, dejando tras de sí una sombra fantasmal que funciona a pleno rendimiento –coches, cines, teléfonos, radio– y de cuyos espacios es mejor huir. Es en ellos donde más probabilidades tienes de ser atacado por otros supervivientes, entre la maldad, la desesperanza y el desamparo. Si los evitas y sobrevives a ellos, puedes encontrarte con la Patrulla de la Mañana (o Morning Patrol), una especie de ejercito que distribuye los medicamentos que tratan la enfermedad que ha afectado a la mayoría de los habitantes de las ciudades, disfruta del placer ocasional de la violencia en una tierra sin ley y cuyo trabajo a fin de cuentas consiste en matar a los que aún permanecen en dicho mundo fantasmal en el que muchos mueren entre sueños.

Escena de Morning Patrol con Michele Valley en un cine

La protagonista (Michele Valley) –que no dejará de preguntarse mediante voz en off quién es y qué le ha pasado al mundo antes de convertirse en lo que es– es capaz de recordar un verano en el que estuvo cerca del mar, por lo que este se convierte en el objetivo de su viaje, evitando en el camino tanto a los asesinos de la patrulla como a los demás humanos. Una vez en la ciudad, se encontrará con otro hombre sin memoria que, a pesar de la tensión producto de esta sociedad y de que él forma parte de la patrulla, la ayudará a intentar llegar al mar, dando lugar a una historia de amor extraña y amarga en la que intuimos que ambos se conocieron en el pasado, mediante conversaciones con las que intentan llegar a dar al menos con fragmentos de recuerdos de la catástrofe experimentada por el mundo y de la vida antes de que tuviera lugar. Un mundo sin pasado en el que la propia naturaleza de lo que lleva a la muerte de la gente es tan desconocida y traumática que, en su búsqueda interior de respuestas, recuerda casi más al Stalker de Tarkovski y al cine negro de los años 40 que al cine postapocalíptico de Hollywood en los 80 (aunque sí es visualmente similar al de los 70).

Takis Spiridakis en Morning Patrol

Utilizando como recurso narrativo extractos de novelas y relatos de Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y Ubik), Daphne du Maurier (Rebecca), Raymond Chandler (El sueño eterno) o Herman Raucher (Verano del 42), sus dos protagonistas se preguntan qué nos queda cuando ya no queda nada, en una búsqueda de libertad dentro de un mundo de trasfondo abstracto. Que reflexiona sobre el amor y la supervivencia en una civilización que ha olvidado el pasado y lo reemplaza por objetos culturales e imágenes de cine clásico (con especial predominancia de Philip Marlowe) y donde las dificultades para conectar y comunicarnos con otras personas solo pueden ser superadas a través de la colaboración con personas de las que desconfiamos. Porque, frente a la alienación, para Nikolaidis, parece que solo la posibilidad de comunicarnos puede detener la destrucción total del mundo, aunque sea por poco tiempo, y aunque sea solo en torno a una pareja que, rodeada de edificios y formas industriales monstruosamente distorsionadas, busca llegar al mar que todavía se conserva en la memoria de la protagonista como un elemento original, natural y bello que contrasta con todo lo demás.

Escena de Morning Patrol hablando de Manderley

Como buena película de ciencia ficción, Morning Patrol expresa miedos y ansiedades sociales que preocupaban a la sociedad en el momento de su creación. En este sentido, esta es una de las películas postapocalípticas más pesimistas e inusuales que he visto en tiempo, pero en la música romántica (muy años 80), en su desarrollo y hasta en su final abierto queda algo de optimismo. Una solución contradictoria que aúna la idea de preservar el “yo” en la ayuda al otro frente a un proceso de desintegración que ha provocado el mundo. ¿Qué mundo? ¡ª!

Escena de Morning Patrol

Vi y califiqué Morning Patrol con ★★★½ el viernes 29 de marzo de 2024.

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