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David Giguère

El 4 de marzo salió al mercado el segundo álbum del cantante canadiense David Giguère, Casablanca, que ha sido producido por Jean-Phi Goncalves (famoso productor y percusionista) y Jonathan Dauphinais (inventor del instrumento Keybass) y que al parecer ha recibido muy buenas críticas. Por ahora sólo he podido escuchar La Noyade (Mami Wata) y La Pornographie, que imagino es el single de presentación del álbum, ya que es el único tema que aparece en el Soundcloud oficial de David Giguère. En cualquier caso el lanzamiento de este nuevo álbum, que espero poder escuchar pronto (y que en Spotify lo permitan), me sirve de excusa para hablar de este artista que con su primer álbum ya nos proporcionó varios buenos momentos hace no mucho tiempo.

En el año 2012 David Giguère se dio a conocer en su país a través de su primer álbum Hisser Haut y sobre todo gracias a su aparición en 2011 en la película canadiense Starbuck, en la cual hacía de uno de los hijos del protagonista y para la cual realizaba una interpretación en acústico de su tema L’Atelier. Pero si por algo destaca David Giguère en Hisser Haut es precisamente por el uso de bases electrónicas y la producción estilosa que acompañan a su voz, que se sirve con sutileza de ellas para dar con un pop sensible, personal y sugestivo. Ejemplos claros y notables son Désirs (mi favorita), la ya mencionada L’Atelier, Depanneur y las más animadas Encore y La Chose.

En un punto y aparte, aprovecho este artículo para traducir al español el texto que aparece en la página web oficial de David Giguère sobre el álbum Casablanca, ya que me ha parecido una interesante carta de presentación de lo que puede dar de sí este nuevo álbum:

David Giguère presenta CASABLANCA, su segundo álbum.

En una calma en la que uno se siente en plena ebullición de recuerdos, la poesía de David Giguère se desenvuelve sin problemas en el nuevo disco. La contribución casi electroacústica del productor Jonathan Dauphinais (Beast, Ariane Moffatt) narra la trama de un relato interior épico. La palabra viva y acerada del compositor y autor nos arrastra en un laberinto de amor que ausculta con precisión los altibajos de la vida de un joven en el siglo 21.

Aquí, CASABLANCA no es tanto un lugar como una imagen que captura la belleza cruel de los inicios, de los caminos sinuosos, de las cataratas y de ese primer apartamento que habían pintado todo blanco, en la cual la memoria persiste, para siempre presente, y transforma la belleza en nostalgia.

Tras el éxito de crítica y público del primero, Hisser Haut, publicado en 2012, el artista producido por Mo’fat Productions, bajo la batuta de Audiogram volvió a Québec (e incluso a Brasil) con la colección de piezas acumuladas desde la adolescencia. Enriquecido por estas experiencias, lejos de una escritura precipitada, varios meses después del final de esta gira, CASABLANCA ha sido largamente meditada antes de ver la luz, pero la espera ha sido dulce: «El impulso llega de repente, sin quitarse los zapatos antes de entrar. Yo no soy alguien que escribe de una forma regular, es como un desbordamiento que me empuja a escribir, un momento en el que tengo que hacerlo, para salir adelante y seguir avanzando, para hacer balance, una actualización, y es a través de la escritura que puedo llegar a encontrar un equilibrio».

De este proceso impúdico, de su carácter necesario, aparecen los inspirados textos, las melodías pop singulares y sofisticadas, un universo que se ha profundizado en las sesiones de trabajo con su colaborador y cómplice, el dramaturgo Emmanuel Schwart.

Entra en escena Jonathan Dauphinais, el productor, bajista y capitán del barco y la tripulación de talentosos músicos como Joseph Marchand (Forêt, Arian Moffatt) en la guitarra, Christophe Lamarche (Rock Forest, Jimmy Hunt) en los teclados, y Jean-Phi Goncalves (Beast, Plaster) a la batería, que también se encarga de la producción. El resultado: un disco cristalino, a medio camino entre el Groove decapante electro-minimalista de un James Blake y la fuerza narrativa de la chanson francesa. Cada pieza mezclada por Chris Moore (Yeah Yeah Yeahs, TV on the Radio) cae en una estética sonora de una coherencia y de una eficacia contundentes.

Si el primer álbum de David Giguère izó (nt: juego de palabras con Hisser Haut) las velas, CASABLANCA refleja un viaje que ha dado sus frutos. Entonces se nos dice que «todo y nada» distingue la experiencia del primer álbum y de éste, que no deja de recordar la constante de su obra, que toca al escuchar la música: «La audacia, la sensación de conocer a alguien, de sentir la necesidad que tuvo el artista de crear, una urgencia de decir».

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